sábado, 25 de diciembre de 2010

Historias sin palabras.
















"La ola", así se llama este libro publicado por Bárbara Fiore.


Me ha encantado como plasma en papel el juego entre la niña y el mar. Entre los colores y los dibujos, seguro que sientes cómo te salpica el agua.


¿Quién no se identifica con esta niña?




Y siguiendo con más relatos ausentes de palabras, "Cuentos silenciosos" de Benjamín Lacombe. Se trata de un pop-up con escenas claves de algunos cuentos infantiles tradicionales como Alicia en el País de las Maravillas, Pinocho, Peter Pan, Barbazul, La Bella Durmiente, Caperucita Roja y Pulgarcita.





viernes, 24 de diciembre de 2010

¡Feliz Navidad!

Aprovechando las nuevas tecnologías,

¡¡FELIZ
NAVIDAD!!












Ya es un hecho constatable que la mayoría de la gente no utiliza las postales para desear unas felices fiestas. Parece todo más sencillo a través de las nuevas tecnologías. Y si no me creéis, ¡tenéis que ver este vídeo!

¿Qué hubiera pasado si desde el año 0 las TIC's ya estuvieran totalmente incluídas en la sociedad?





Entonces quizá deba rectificar a...


¡¡FELIZ NAVIDAD 2.0!!

martes, 21 de diciembre de 2010

Burrita de Plata.

El otro día descubrí en la biblioteca de aula del colegio donde trabajo como "ludotecaria", este libro:


Quería conseguir que se interesasen por el cuento así que enseñé sólo la portada y pregunté cosas sobre ella, de los personajes que aparecían, de sus posibles nombres y de lo que podría tratar.
¡Bien! Ya estaba el primer paso conseguido. El interés por el cuento se hacía notar.

Pero... ¿sabéis vosotros de qué cuento se trataba?
Pues bien, es una adaptación de un texto folclórico que ya habíamos ojeado antes: "Toda-clase-de-pieles"

Si tenéis interés en saber si se parecía la adaptación al tradicional, aquí tenéis sus entresijos:

Cuentan que en un reino lejano las cosas se habían puesto muy mal. La reina, que era muy guapa, estaba a punto de morir, después de tener una preciosa niña.
El rey, que llevaba mucho tiempo esperando una heredera, se desesperaba al ver que la madre iba a dejarlo para siempre. Y como la quería tanto, le prometió que ninguna otra mujer ocuparía su lugar.
-Gracias, esposo mío- dijo ella, a punto de expirar-. Pero como eres joven, tal vez necesites casarte otra vez. Sólo deseo que a ella le esté bien mi anillo de reina y que sea más hermosa que yo.
-¡Oh, eso es imposible!- exclamó el rey, llorando-. Mas para que nunca pueda ocurrir, esconderé tu anillo donde nadie lo encuentre jamás.



La reina aún mostró una sonrisa y, al instante, murió. El dolor del rey fue tan grande que no quiso saber nada de la niña en varios años. Y en cuanto al anillo, lo escondió en el péndulo del gran reloj de palacio, sin que nadie lo viera. Así creía que su mujer continuaba latiendo en el tic-tac.


Pero la niña se fue haciendo mayor y resultó ser la viva estampa de su madre. A todos llamaba la atención un parecido tan extraordinario. “Es incluso más guapa que la reina”, decían.
Un día la princesa, jugando a esconderse de unas amigas, abrió la tapa del gran reloj y se metió dentro. Acurrucada tras el péndulo, vio cómo las otras pasaban de largo. Pero también vio un objeto brillante que se movía a pocos centímetros de su nariz, de izquierda a derecha, tic; de derecha, a izquierda, tac.



Lo cogió y, al ver lo que era, se lo probó. Corriendo fue a ver a su padre:
-¡Papá, papá, mira qué anillo más bonito me he encontrado y qué bien me está!- El padre se puso pálido como la cera-. ¿Qué te pasa, papá?
-Nada, hija, nada – contestó el rey. Éste convocó a la corte y habló de una extraña manera:
-Ya estáis viendo cómo mi hija se ha puesto de guapa. Más aún que su madre. Y además resulta que su anillo le está estupendamente. ¿Comprendéis lo que quiero decir?- Algunos cortesanos se echaron a reír, creyendo que era una broma del rey. Pero el Gran Chambelán notó que al rey le pasaba algo. Así que le dijo:
-¡Majestad, quitaos enseguida esa tonta idea de la cabeza! No podéis casaros con vuestra propia hija. ¡Eso es imposible!


Pero el rey ya no parecía escucharlo. Puso mirada de loco y comenzó a deambular por el palacio. “El rey se ha vuelto majareta”, comentaban unos y otros: “¡Pues no se quiere casar con su hija!” Cuando ésta se enteró, se echó a llorar amargamente.




Como nadie conocía el remedio para aquella enfermedad, consultaron con una hechicera, que dijo:
-Mal arreglo tiene eso. Pero podemos intentarlo, poniéndole al rey una condición imposible. Que la princesa le pida de regalo un traje de sol, un traje de luna y otro de estrellas.




Así se lo dijo a la niña. El rey entonces se echó a los caminos, buscando por todas partes los tres trajes. Hasta que el mismo demonio se enteró y le salió al encuentro:
-Te daré los tres trajes, con una condición.
-La que tú quieras.
-Que tu alma sea mía.
-No me importa. ¡Dame los trajes!
El demonio le entregó un cofre y le dijo que no lo abriera, si no quería quedar ciego por el resplandor. Tan sólo la que había de ponerse los trajes podría abrirlo.




Cuando la niña vio aquellas tres maravillas, quedó muy desconsolada y acudió de nuevo a la hechicera. Ésta le dijo:
-Lo único que puedo hacer por ti es convertirte en el animal que tú quieras. Así el rey te olvidará.
Pero has de saber tres cosas: que sólo en la oscuridad absoluta podrás volverte mujer. Que sólo entonces podrás ponerte los trajes y lucirlos durante tres horas de la madrugada. Y que sólo el amor de un príncipe te desencantará. Pero ha de ser gritando su deseo de casarse con ese animal, sin saber que eres tú.


La princesa dijo:
-Todo lo acepto. Conviérteme en una burrita de pelo plateado. – Y en eso fue convertida. Y salió trotando de palacio con su cofre en las alforjas. Sobre él había escrito la hechicera:
“Al animal, ponerlo en la oscuridad. El cofre no lo abráis; si no, ciegos quedáis”.
Después de mucho andar, llegó la burrita al castillo de otro reino y llamó con sus pezuñas a las puertas.
-¡Qué burrita tan linda!- exclamó el príncipe cuando se la llevaron-. Debe de ser un regalo de alguien que me quiere bien. Hacedlo todo como dice el cofre. Y nada de ponerla a trabajar. Se quedará a jugar conmigo y la llamaré “Burrita de Plata”.



Pues así fue, que a todas partes iban juntos el príncipe y Burrita de Plata, brincando y retozando como chiquillos. Pero llegó el tiempo de casar al príncipe y se organizó un baile de tres noches.
La primera noche, Burrita de Plata se puso a oscuras el traje de luna y apareció en el salón como una princesa radiante. El príncipe no podía apartar la vista de ella, de lo guapa que estaba, y la sacó a bailar.



Quiso saber quién era, pero ella sólo sonreía y bailaba. Y a las tres horas, salió corriendo y desapareció.
Al día siguiente, el príncipe le contó a su Burrita lo que le había pasado:
-Mira, tenía un traje plateado, así como tu piel, pero nadie sabe quién era. – Y acariciaba a la burrita con mucho mimo.




A la otra noche, la princesa se presentó en el baile con el traje de estrellas. El príncipe la volvió a sacar a bailar, pero no consiguió de ella sino sonrisas y vueltas y más vueltas. Y también se le escapó a las tres horas. A la mañana siguiente:
-Mira, Burrita de Plata, tenía un traje que brillaba como tus ojos ahora. Pero ¿por qué lloras? ¿Es que quieres decirme algo?
Y a la tercera noche entró la princesa con el traje de sol, tan resplandeciente que tuvieron que apagar las demás luces mientras bailaban.
-¿Por qué lloras? – preguntó el príncipe a la desconocida-. ¿Es que quieres decirme algo?
-No. Es el resplandor del traje, que me daña los ojos.



-¡Ah, por fin hablas! Por favor, acepta mi anillo en señal de matrimonio.- La princesa lo aceptó, pero a las tres horas desapareció otra vez. Al día siguiente, el príncipe buscaba a Burrita de Plata para contárselo, pero su amiga no aparecía por ningún sitio.  Y como tampoco sabía quién era la princesa, el príncipe enfermó de amor. Suspiraba desde la cama llamando a Burrita de Plata y se negaba a comer.




Entonces apareció el animal y, sin que nadie lo viera, se encerró en la habitación de al lado, que estaba a oscuras.
Desde dentro dijo:
-No preguntéis quién soy y traedme todo lo necesario para cocinarle un pastel al príncipe-. Así lo hicieron, y al ratito abrieron y vieron un pastel muy apetitoso junto a la burrita. Se lo llevaron al príncipe, diciéndole que había aparecido junto a su amiga. Nada más que por eso, el príncipe consintió en probar un bocado. Y dentro del bocado entró su anillo.




Entonces gritó:
-¡Con Burrita de Plata me quiero casar, aunque sea un animal!
-¡De eso nada, que ya estoy desencantada!- dijo la princesa, entrando en el dormitorio con su traje de plata de luna.

Y colorín colorado, este plateado cuento se ha acabado.


¿Qué opináis? No se parece mucho a la que conocíamos ¿no?
De todas las enseñanzas que sacamos de Toda-clase-de-pieles, pocas (por no decir ninguna) encuentro en esta nueva versión.

A algunos niños se les hizo un poco largo, pero otros estaban espectantes por ver qué sucedería.
Tanto les gustó a esos otros que me pidieron pinturas y papel para plasmar lo que más les había llamado la atención de "Burrita de Plata".

Aquí tenéis la pequeña obra de arte de A. :




jueves, 9 de diciembre de 2010

Bloque 3) - Análisis de un cuento de autor.

Título: “Kirikú y la bruja”
Autor: Michel Ocelot.
Editorial: Kókinos.












En cuanto al receptor del libro, el rango de edad se sitúa entre los 4 y los 10 años.
Aunque la forma de trabajar sería diferente: a los más pequeños se les haría una narración con libro incluyendo dramatizaciones y a los más mayores se les puede dejar libertad para que lo lean solos.

Si ahora nos centramos en la pregunta “¿Con quién se puede sentir identificado el receptor?”, en este caso, será con Kirikú, por ser pequeño. A lo largo de todo el cuento, aparecen algunas frases con las que los niños se podrían poner su lugar:
“Kirikú es pequeñín y no tiene miedo”
“Kirikú no es grande, pero es valiente”
“Kirikú no es fuerte, pero es valiente”
“Kirikú no pesa casi nada y por eso siempre se escapa”
“Kirikú no es grande, pero es un gigante”

Sin embargo, además de sentirse identificado con el pequeño (pero grande) Kirikú, en algunos casos podrían sentirse como la bruja por ser “mala”.

El tema principal del libro es el valor que se le da a la ayuda que se ofrece a los demás por encima de todo, el querer ir más allá aun habiendo solucionado parcialmente el problema. A Kirikú no le basta y necesita satisfacer la duda que tiene sobre el por qué de la maldad de la bruja. Y como tema secundario, las aventuras que se van desarrollando a lo largo del cuento.

Sobre el lenguaje, hay que decir que el vocabulario no es del todo cercano. Contiene pocas frases cortas y mucho texto. Por ello, a los receptores más mayores les costarán menos entender la historia. No ocurrirá lo mismo con los más pequeños puesto que, además de la razón anterior, no creo que la historia se acerque demasiado al momento evolutivo del niño.

A la hora de analizar la estructura, se puede decir que no muestra la clásica de planteamiento-nudo-desenlace, sino que tendría más bien esta estructura:
Planteamiento – Nudo – Desenlace ‘parcial’ – Nudo – Desenlace final.

En cuanto a los valores y contravalores encontramos la ayuda desinteresada al otro, con la mera recompensa de ver feliz al pueblo.

Por otro lado, centrándonos en el espacio, los más pequeños no lo reconocerían, pero sí entienden que se relacionan los personajes con dicho espacio.

En la mayoría de los aspectos no se asemeja a la realidad:
Un niño que habla desde el vientre de su madre y da a luz sólo.






O que a través de un beso Kirikú crece y su cuerpo se transforma convirtiéndose así en un guerrero.





El tiempo resulta indeterminado.

Si atendemos a las ilustraciones, tienden al realismo. Además, son lo suficientemente claras como para que el niño pueda seguir la historia sólo, una vez que ya se le ha contado el cuento.

Como conclusión, decir que este cuento me parece muy recomendable puesto que muchas veces los niños se preguntan por qué Fulanito es malo, sin pararse a pensar en las causas de su actitud negativa, sin pararse a pensar que tal vez ese niño también tiene una espina clavada como la bruja Karabá.




Y pensar que cuando vi la película de pequeña, iba a encontrarme unos años después con el libro en las manos…

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Bloque 2) - Reflexión personal.

Este segundo bloque, ha girado en torno a los cuentos folclóricos.
En primer lugar, hay que decir que éstos no son cuentos infantiles, sino cuentos familiares; es decir, cuentos que se contaban en las casas (incluso en los palacios) una vez que el sol se había escondido. Los emisores de estos cuentos solían ser los abuelos por tener más experiencia de la vida, así que podríamos afirmar que ellos eran los cuentacuentos (ahora que sabemos definir este concepto). Así que ya vemos que viene de muy atrás los famosos abuelos contadores de historias.
A través de los cuentos folclóricos alimentaban el deseo de ficción que tiene el ser humano, donde están reflejados los sueños, aspiraciones, deseos tales como encontrar el amor, recuperar la salud, obtener poder y riquezas…; además de sus temores como la figura de la muerte. Por ello, no están pensados para los niños.
Además de utilizarlos como entretenimiento, también era una forma de pago cuando marchaban de viaje y se quedaban en alguna estancia.
Hay que decir que al no mostrar una intencionalidad artística, los cuentos folclóricos se consideraban un grupo a parte de la literatura.
En la mayoría de estos cuentos se refleja un viaje iniciático. Lo que llamaremos también “rituales de iniciación”, que resultarán ser la esencia de los cuentos.
Se encuentran en una serie de pruebas que vienen dados por situaciones malas (abandonos, agresiones…). Pero que, en realidad estas situaciones, harán un bien futuro donde los personajes se conocerán a ellos mismo, adquiriendo destrezas y habilidades que antes no tenían (o no tan desarrolladas), entrando así en la edad adulta y dejando de lado la niñez. Esto lo pudimos sacar en claro cuando analizamos “Toda-clase-de-pieles”. Normalmente, suele aparecer un personaje (que no tiene por qué ser fantástico), el cual tendrá el papel de guiar al protagonista en su viaje iniciático.

Al haber trabajado anteriormente con algunas definiciones, en este caso la de ‘cuento folclórico’, ya sabíamos que no tenían autor, sino que se propagaban de boca en boca. Por lo tanto, existen distintas versiones de un mismo texto. Cosa que pudimos comprobar con La Bella y la Bestia. Las versiones originales se han ido perdiendo con el paso del tiempo, por ello los que se les cuentan a los niños no son los mismos. ¡Ni siquiera los que nos contaron a nosotras!

Es importante hacer una diferenciación entre cuentos folclóricos, populares y clásicos. Los folclóricos difieren de los populares por la ausencia de autor. Estos últimos se han popularizado y difieren a su vez de los clásicos puesto que no dependen de la figura del autor (pueden ser tanto folclóricos como populares) y dependerá del tiempo que haya pasado para que se considere clásico.

Toca el turno de hablar sobre Vladimir Propp. Se interesó por los cuentos desde pequeño. Y cuando llegó a ser profesor decidió hacer una tesis doctoral basándose en los cuentos populares. Los clasificó en cuatro tipos:
·         Mitos: donde se narran hazañas de personajes como dioses o héroes de la antigüedad, es decir, los referidos a la mitología.
·         Animales: todos los personajes del cuento son animales. En esta categoría también se incluyen las fábulas.
·         Fórmulas: cuentos o canciones acumulativos en los que siempre se repiten la misma estructura. Por ejemplo: cuentos -> Gallo Kirico; canciones-> Cinco lobitos.
·         De hadas o maravillosos: donde aparecen personajes mágicos que ayudan al protagonista. Éstos desarrollarán ciertas estrategias y destrezas para llegar al fin del viaje iniciático.

A parte de esta división, analizó los cuentos hasta que encontró una serie de puntos clave que creaban una estructura constante. Estos puntos clave los clasificó en 31 funciones:

1) Alejamiento. Uno de los miembros de la familia se aleja.
2) Prohibición. Recae una prohibición sobre el héroe.
3) Transgresión. La prohibición es transgredida.
4) Conocimiento. El antagonista entra en contacto con el héroe.
5) Información. El antagonista recibe información sobre la víctima.
6) Engaño. El antagonista engaña al héroe para apoderarse de él o de sus bienes.
7) Complicidad. La víctima es engañada y ayuda así a su agresor a su pesar.
8) Fechoría. El antagonista causa algún perjuicio a uno de los miembros de la familia.
9) Mediación. La fechoría es hecha pública, se le formula al héroe una petición u orden, se le permite o se le obliga a marchar.
10) Aceptación. El héroe decide partir.
11) Partida. El héroe se marcha.
12) Prueba. El donante somete al héroe a una prueba que le prepara para la recepción de una ayuda mágica.
13) Reacción del héroe. El héroe supera o falla la prueba.
14) Regalo. El héroe recibe un objeto mágico.
15) Viaje. El héroe es conducido a otro reino, donde se halla el objeto de su búsqueda.
16) Lucha. El héroe y su antagonista se enfrentan en combate directo.
17) Marca. El héroe queda marcado.
18) Victoria. El héroe derrota al antagonista.
19) Enmienda. La fechoría inicial es reparada.
20) Regreso. El héroe vuelve a casa.
21) Persecución. El héroe es perseguido.
22) Socorro. El héroe es auxiliado.
23) Regreso de incógnito. El héroe regresa, a su casa o a otro reino, sin ser reconocido.
24) Fingimiento. Un falso héroe reivindica los logros que no le corresponden.
25) Tarea difícil. Se propone al héroe una difícil misión.
26) Cumplimiento. El héroe lleva a cabo la difícil misión.
27) Reconocimiento. El héroe es reconocido
28) Desenmascaramiento. El falso queda en evidencia.
29) Transfiguración. El héroe recibe una nueva apariencia.
30) Castigo. El antagonista es castigado.
31) Boda. El héroe se casa y asciende al trono.
Son las funciones que desempeñan cada una de las acciones que se van sucediendo en la historia dentro del argumento principal. No todas se dan en todos los cuentos, pero sí que en todos hay constancia de una al menos.
También encontramos a otra figura importante en cuanto a este tipo de cuentos: Gianni Rodari. Éste hizo la siguiente clasificación:
·         Cuentos de animales.
·         Cuentos mágicos.
·         Bromas y anécdotas.
Por otro lado, Sara C. Bryant, que también hizo una clasificación pero no por temas, sino por edades:
·         De 3 a 5 años.
·         De 5 a 7 años.
·         Para mayores.
Dejando esto a un lado, hablaré sobre los motivos. Es decir, las situaciones que se repiten de unos cuentos a otros continuamente y que marcan las acciones de los personajes de determinada forma. Son claves puesto que se conservan aunque se hagan adaptaciones.

Los principales son:

·         El huérfano maltratado.
·         La muerte y la resurrección.
·         El hermano más pequeño.
·         La búsqueda del amor.
·         El sol y la noche como realidad e irrealidad.
·         El reino de los muertos o el reino de las hadas.
·         Tesoros ocultos, física o psicológicamente.
·         Fuga y persecución.
·         Viajes y búsqueda.

Me parece fundamental que los motivos se mantengan puesto que harán que un cuento tenga esa estructura y no otra, por lo que resultaría un cuento totalmente diferente.
Esto se relaciona directamente con la elección de adaptaciones para los niños. Una buena adaptación, por consiguiente, tendrá que tener los motivos originales, siendo fieles a la verdadera. Ya hemos visto que Disney no siempre lo es. Pero creo que esto es así para acercarles las diversas historias a los más pequeños, aunque con ello consigan alejarse de su versión más antigua. Por ello, opino que lo mejor es que seamos los educadores los que, a partir de la verdadera historia, la adaptemos a nuestro público. Además de esto, también existen buenas librerías (muchas especializadas en literatura infantil) donde poder hacer una buena compra.

Además de los motivos, los personajes también juegan un papel fundamental en los cuentos.
En lo referente a los personajes, pienso que los niños no se ponen a analizar cada uno de los personajes, sino que siguen la clasificación de ‘buenos’ y ‘malos’. Los buenos hacen cosas buenas y los malos, cosas malas.

Pero siguiendo con una clasificación más detallada nos encontraríamos con:
·         Los buenos que ayudan en el viaje iniciático: sirven como guías durante la maduración personal. Aquí encontramos al héroe/heroína, las hadas y los animales u objetos mágicos.
·         Los malos, ayudan a que ese viaje iniciático comience, pero indistintamente son los enemigos. Aquí se situarían los gigantes (que no se comen a los niños, lo que me recordó a un gigante orejotas que le daba sueños a los niños de la película: “El gran gigante bonachón”)


      y por otro lado, los ogros (que sí se comen a gente como dicta la tradición turca) Pero los dos tienen ciertas similitudes como el tamaño.

·         Otros, que no se pueden incluir en ninguno de los grupos anteriores como son los duendes y las brujas. Algunas veces hacen de “malos” y otras veces, de “buenos”.

Atendiendo a la historia, haré un pequeño cronograma donde expondré lo fundamental de los siglos XVIII y XIX refiriéndome a la literatura infantil contemporánea.
En siglo XVIII, siglo de la razón, los cuentos folclóricos no eran los favoritos de la clase alta. Sin embargo en Francia, en la corte de Luis XIV, contaban con Perrault, un fanático de los cuentos pues su nodriza desde que le amamantaba se los contaba. Por ello, ahora Perrault se le reconoce como el principal difusor del personaje de Mamá Oca, a través de su libro “Los cuentos de Mamá Oca” donde recopiló y reelaboró numerosos relatos de tradición oral (todos folclóricos). El objetivo principal que contemplaba Perrault era el de adaptar los cuentos con un fundamento moralizador, por lo que añade moraleja (que no enseñanzas). Por no hablar de lo que nos impactó a todos su versión de Caperucita Roja

Pasa el tiempo y nos encontramos en el siglo XIX, en pleno romanticismo. Hubo dos periodos bien marcados:
La 1ª mitad del s. XIX donde los nacionalismos tienen un papel protagonista. Un ejemplo de ello son los Hermanos Grimm, que como buenos románticos, también son nacionalistas alemanes. Fueron célebres por haber escrito el Diccionario alemán (se ve que tenían interés en conservar la lengua romana), además de cuentos y leyendas. En un comienzo, los Hermanos Grimm publicaron un primer tomo de “Cuentos para la infancia y el hogar” donde recopilaron todos los cuentos de tradición oral. Le siguió una segunda edición y con la tercera, a causa de las quejas del público en general por su contenido, censuraron muchos aspectos debido a su extrema dureza. En definitiva, se puede decir que tuvieron que cambiar varios detalles de los originales. Un ejemplo claro de ello, ocurre con Hansel y Gretel donde la madre de estos hermanos pasó a ser una madrastra, ya que el hecho de abandonar a los hijos en el bosque no coincidía con la imagen tradicional de la madre de esa época. Como también omitir algunas alusiones sexuales.

Con la llegada de la 2ª mitad del siglo, el romanticismo se esfuma poco a poco, lo que conlleva a la entrada del realismo donde algunos nos muestran lo ‘fea’ que es la realidad. Uno de esos “algunos” fue Christian Andersen. Entre sus cuentos folclóricos destaca “El patito feo”, “El soldadito de plomo”… Y otros de carácter más realista y triste como “La pequeña cerillera”.
Si dejamos a un lado el extranjero y nos vamos a España, los recopiladores de cuentos folclóricos también hacen de las suyas.
Destacan el Padre Coloma y sus cuentos para niños. Como jesuita que era, adaptaba muchos personajes “llevándoles por el buen camino” (sustituía a los personajes profanos por otros más devotos). Con esto moralizaba de una manera católica; Cecilia Böhl de Faber, que utilizó como seudónimo Fernán Caballero. Sí, un nombre masculino pues la sociedad en aquella época era más bien machista y no veían correcto que fuera una mujer la que recopilara cuentos juveniles.
Además de estas dos figuras, aparece también Saturnino, fundador de la editorial Calleja. Gracias a él, los niños de aquel momento podían comprar un cuento por 5 o 10 céntimos (en formato muy muy pequeño, eso sí). Así que ya sabemos de dónde deriva la expresión “¡Tienes más cuento que Calleja!”

Decir que, no sólo existen cuentos folclóricos en prosa, sino que también los encontramos en verso y por consiguiente en la poesía folclórica “Una dola, tela catola…” (retahílas), donde destaca la figura de Rodrigo Caro; o teatrales, que aunque no hay mucho teatro folclórico, en España existe algo. Sin olvidar su origen como “Teatro de títeres y cachiporras”, donde el uso de la violencia es elemental, como también unos personajes claramente antagonistas (policía-ladrón; niño bueno/bruja; príncipe/dragón…). El público juega un papel fundamental ya que gracias a su ayuda (“¡¡Se ha ido por allí!!”), la historia se va desarrollando. Siempre tiene la misma estructura.

En conclusión, este bloque me ha parecido muy completo. Hemos contemplado los cuentos folclóricos desde una visión histórica, además de haber profundizado en uno de ellos (Ver entrada: http://latrastiendainfantil.blogspot.com/2010/11/analisis-cuento-folclorico-toda-clase.html) y ver que cada historia encierra ciertas metáforas y simbolismos que desde un punto de vista superficial pasan desapercibidas, pasando por un análisis de diversas figuras de la literatura infantil y las huellas que nos han dejado. ¡Ah! Y no olvidemos esos cuentos que han roto nuestros esquemas, ni los recuerdos que nos han traído todas esas clases matinales.