Este segundo bloque, ha girado en torno a los cuentos folclóricos.
En primer lugar, hay que decir que éstos no son cuentos infantiles, sino cuentos familiares; es decir, cuentos que se contaban en las casas (incluso en los palacios) una vez que el sol se había escondido. Los emisores de estos cuentos solían ser los abuelos por tener más experiencia de la vida, así que podríamos afirmar que ellos eran los cuentacuentos (ahora que sabemos definir este concepto). Así que ya vemos que viene de muy atrás los famosos abuelos contadores de historias.
A través de los cuentos folclóricos alimentaban el deseo de ficción que tiene el ser humano, donde están reflejados los sueños, aspiraciones, deseos tales como encontrar el amor, recuperar la salud, obtener poder y riquezas…; además de sus temores como la figura de la muerte. Por ello, no están pensados para los niños.
Además de utilizarlos como entretenimiento, también era una forma de pago cuando marchaban de viaje y se quedaban en alguna estancia.
Hay que decir que al no mostrar una intencionalidad artística, los cuentos folclóricos se consideraban un grupo a parte de la literatura.
En la mayoría de estos cuentos se refleja un viaje iniciático. Lo que llamaremos también “rituales de iniciación”, que resultarán ser la esencia de los cuentos.
Se encuentran en una serie de pruebas que vienen dados por situaciones malas (abandonos, agresiones…). Pero que, en realidad estas situaciones, harán un bien futuro donde los personajes se conocerán a ellos mismo, adquiriendo destrezas y habilidades que antes no tenían (o no tan desarrolladas), entrando así en la edad adulta y dejando de lado la niñez. Esto lo pudimos sacar en claro cuando analizamos “Toda-clase-de-pieles”. Normalmente, suele aparecer un personaje (que no tiene por qué ser fantástico), el cual tendrá el papel de guiar al protagonista en su viaje iniciático.
Al haber trabajado anteriormente con algunas definiciones, en este caso la de ‘cuento folclórico’, ya sabíamos que no tenían autor, sino que se propagaban de boca en boca. Por lo tanto, existen distintas versiones de un mismo texto. Cosa que pudimos comprobar con La Bella y la Bestia. Las versiones originales se han ido perdiendo con el paso del tiempo, por ello los que se les cuentan a los niños no son los mismos. ¡Ni siquiera los que nos contaron a nosotras!
Es importante hacer una diferenciación entre cuentos folclóricos, populares y clásicos. Los folclóricos difieren de los populares por la ausencia de autor. Estos últimos se han popularizado y difieren a su vez de los clásicos puesto que no dependen de la figura del autor (pueden ser tanto folclóricos como populares) y dependerá del tiempo que haya pasado para que se considere clásico.
Toca el turno de hablar sobre Vladimir Propp. Se interesó por los cuentos desde pequeño. Y cuando llegó a ser profesor decidió hacer una tesis doctoral basándose en los cuentos populares. Los clasificó en cuatro tipos:
· Mitos: donde se narran hazañas de personajes como dioses o héroes de la antigüedad, es decir, los referidos a la mitología.
· Animales: todos los personajes del cuento son animales. En esta categoría también se incluyen las fábulas.
· Fórmulas: cuentos o canciones acumulativos en los que siempre se repiten la misma estructura. Por ejemplo: cuentos -> Gallo Kirico; canciones-> Cinco lobitos.
· De hadas o maravillosos: donde aparecen personajes mágicos que ayudan al protagonista. Éstos desarrollarán ciertas estrategias y destrezas para llegar al fin del viaje iniciático.
A parte de esta división, analizó los cuentos hasta que encontró una serie de puntos clave que creaban una estructura constante. Estos puntos clave los clasificó en 31 funciones:
1) Alejamiento. Uno de los miembros de la familia se aleja.
2) Prohibición. Recae una prohibición sobre el héroe.
3) Transgresión. La prohibición es transgredida.
4) Conocimiento. El antagonista entra en contacto con el héroe.
5) Información. El antagonista recibe información sobre la víctima.
6) Engaño. El antagonista engaña al héroe para apoderarse de él o de sus bienes.
7) Complicidad. La víctima es engañada y ayuda así a su agresor a su pesar.
8) Fechoría. El antagonista causa algún perjuicio a uno de los miembros de la familia.
9) Mediación. La fechoría es hecha pública, se le formula al héroe una petición u orden, se le permite o se le obliga a marchar.
10) Aceptación. El héroe decide partir.
11) Partida. El héroe se marcha.
12) Prueba. El donante somete al héroe a una prueba que le prepara para la recepción de una ayuda mágica.
13) Reacción del héroe. El héroe supera o falla la prueba.
14) Regalo. El héroe recibe un objeto mágico.
15) Viaje. El héroe es conducido a otro reino, donde se halla el objeto de su búsqueda.
16) Lucha. El héroe y su antagonista se enfrentan en combate directo.
17) Marca. El héroe queda marcado.
18) Victoria. El héroe derrota al antagonista.
19) Enmienda. La fechoría inicial es reparada.
20) Regreso. El héroe vuelve a casa.
21) Persecución. El héroe es perseguido.
22) Socorro. El héroe es auxiliado.
23) Regreso de incógnito. El héroe regresa, a su casa o a otro reino, sin ser reconocido.
24) Fingimiento. Un falso héroe reivindica los logros que no le corresponden.
25) Tarea difícil. Se propone al héroe una difícil misión.
26) Cumplimiento. El héroe lleva a cabo la difícil misión.
27) Reconocimiento. El héroe es reconocido
28) Desenmascaramiento. El falso queda en evidencia.
29) Transfiguración. El héroe recibe una nueva apariencia.
30) Castigo. El antagonista es castigado.
31) Boda. El héroe se casa y asciende al trono.
Son las funciones que desempeñan cada una de las acciones que se van sucediendo en la historia dentro del argumento principal. No todas se dan en todos los cuentos, pero sí que en todos hay constancia de una al menos.
También encontramos a otra figura importante en cuanto a este tipo de cuentos: Gianni Rodari. Éste hizo la siguiente clasificación:
· Cuentos de animales.
· Cuentos mágicos.
· Bromas y anécdotas.
Por otro lado, Sara C. Bryant, que también hizo una clasificación pero no por temas, sino por edades:
· De 3 a 5 años.
· De 5 a 7 años.
· Para mayores.
Dejando esto a un lado, hablaré sobre los motivos. Es decir, las situaciones que se repiten de unos cuentos a otros continuamente y que marcan las acciones de los personajes de determinada forma. Son claves puesto que se conservan aunque se hagan adaptaciones.
Los principales son:
· El huérfano maltratado.
· La muerte y la resurrección.
· El hermano más pequeño.
· La búsqueda del amor.
· El sol y la noche como realidad e irrealidad.
· El reino de los muertos o el reino de las hadas.
· Tesoros ocultos, física o psicológicamente.
· Fuga y persecución.
· Viajes y búsqueda.
Me parece fundamental que los motivos se mantengan puesto que harán que un cuento tenga esa estructura y no otra, por lo que resultaría un cuento totalmente diferente.
Esto se relaciona directamente con la elección de adaptaciones para los niños. Una buena adaptación, por consiguiente, tendrá que tener los motivos originales, siendo fieles a la verdadera. Ya hemos visto que Disney no siempre lo es. Pero creo que esto es así para acercarles las diversas historias a los más pequeños, aunque con ello consigan alejarse de su versión más antigua. Por ello, opino que lo mejor es que seamos los educadores los que, a partir de la verdadera historia, la adaptemos a nuestro público. Además de esto, también existen buenas librerías (muchas especializadas en literatura infantil) donde poder hacer una buena compra.
Además de los motivos, los personajes también juegan un papel fundamental en los cuentos.
En lo referente a los personajes, pienso que los niños no se ponen a analizar cada uno de los personajes, sino que siguen la clasificación de ‘buenos’ y ‘malos’. Los buenos hacen cosas buenas y los malos, cosas malas.
Pero siguiendo con una clasificación más detallada nos encontraríamos con:
· Los buenos que ayudan en el viaje iniciático: sirven como guías durante la maduración personal. Aquí encontramos al héroe/heroína, las hadas y los animales u objetos mágicos.
· Los malos, ayudan a que ese viaje iniciático comience, pero indistintamente son los enemigos. Aquí se situarían los gigantes (que no se comen a los niños, lo que me recordó a un gigante orejotas que le daba sueños a los niños de la película: “El gran gigante bonachón”)
y por otro lado, los ogros (que sí se comen a gente como dicta la tradición turca) Pero los dos tienen ciertas similitudes como el tamaño.
· Otros, que no se pueden incluir en ninguno de los grupos anteriores como son los duendes y las brujas. Algunas veces hacen de “malos” y otras veces, de “buenos”.
Atendiendo a la historia, haré un pequeño cronograma donde expondré lo fundamental de los siglos XVIII y XIX refiriéndome a la literatura infantil contemporánea.
En siglo XVIII, siglo de la razón, los cuentos folclóricos no eran los favoritos de la clase alta. Sin embargo en Francia, en la corte de Luis XIV, contaban con Perrault, un fanático de los cuentos pues su nodriza desde que le amamantaba se los contaba. Por ello, ahora Perrault se le reconoce como el principal difusor del personaje de Mamá Oca, a través de su libro “Los cuentos de Mamá Oca” donde recopiló y reelaboró numerosos relatos de tradición oral (todos folclóricos). El objetivo principal que contemplaba Perrault era el de adaptar los cuentos con un fundamento moralizador, por lo que añade moraleja (que no enseñanzas). Por no hablar de lo que nos impactó a todos su versión de Caperucita Roja…
Pasa el tiempo y nos encontramos en el siglo XIX, en pleno romanticismo. Hubo dos periodos bien marcados:
La 1ª mitad del s. XIX donde los nacionalismos tienen un papel protagonista. Un ejemplo de ello son los Hermanos Grimm, que como buenos románticos, también son nacionalistas alemanes. Fueron célebres por haber escrito el Diccionario alemán (se ve que tenían interés en conservar la lengua romana), además de cuentos y leyendas. En un comienzo, los Hermanos Grimm publicaron un primer tomo de “Cuentos para la infancia y el hogar” donde recopilaron todos los cuentos de tradición oral. Le siguió una segunda edición y con la tercera, a causa de las quejas del público en general por su contenido, censuraron muchos aspectos debido a su extrema dureza. En definitiva, se puede decir que tuvieron que cambiar varios detalles de los originales. Un ejemplo claro de ello, ocurre con Hansel y Gretel donde la madre de estos hermanos pasó a ser una madrastra, ya que el hecho de abandonar a los hijos en el bosque no coincidía con la imagen tradicional de la madre de esa época. Como también omitir algunas alusiones sexuales.
Con la llegada de la 2ª mitad del siglo, el romanticismo se esfuma poco a poco, lo que conlleva a la entrada del realismo donde algunos nos muestran lo ‘fea’ que es la realidad. Uno de esos “algunos” fue Christian Andersen. Entre sus cuentos folclóricos destaca “El patito feo”, “El soldadito de plomo”… Y otros de carácter más realista y triste como “La pequeña cerillera”.
Si dejamos a un lado el extranjero y nos vamos a España, los recopiladores de cuentos folclóricos también hacen de las suyas.
Destacan el Padre Coloma y sus cuentos para niños. Como jesuita que era, adaptaba muchos personajes “llevándoles por el buen camino” (sustituía a los personajes profanos por otros más devotos). Con esto moralizaba de una manera católica; Cecilia Böhl de Faber, que utilizó como seudónimo Fernán Caballero. Sí, un nombre masculino pues la sociedad en aquella época era más bien machista y no veían correcto que fuera una mujer la que recopilara cuentos juveniles.
Además de estas dos figuras, aparece también Saturnino, fundador de la editorial Calleja. Gracias a él, los niños de aquel momento podían comprar un cuento por 5 o 10 céntimos (en formato muy muy pequeño, eso sí). Así que ya sabemos de dónde deriva la expresión “¡Tienes más cuento que Calleja!”
Decir que, no sólo existen cuentos folclóricos en prosa, sino que también los encontramos en verso y por consiguiente en la poesía folclórica “Una dola, tela catola…” (retahílas), donde destaca la figura de Rodrigo Caro; o teatrales, que aunque no hay mucho teatro folclórico, en España existe algo. Sin olvidar su origen como “Teatro de títeres y cachiporras”, donde el uso de la violencia es elemental, como también unos personajes claramente antagonistas (policía-ladrón; niño bueno/bruja; príncipe/dragón…). El público juega un papel fundamental ya que gracias a su ayuda (“¡¡Se ha ido por allí!!”), la historia se va desarrollando. Siempre tiene la misma estructura.
En conclusión, este bloque me ha parecido muy completo. Hemos contemplado los cuentos folclóricos desde una visión histórica, además de haber profundizado en uno de ellos (Ver entrada: http://latrastiendainfantil.blogspot.com/2010/11/analisis-cuento-folclorico-toda-clase.html) y ver que cada historia encierra ciertas metáforas y simbolismos que desde un punto de vista superficial pasan desapercibidas, pasando por un análisis de diversas figuras de la literatura infantil y las huellas que nos han dejado. ¡Ah! Y no olvidemos esos cuentos que han roto nuestros esquemas, ni los recuerdos que nos han traído todas esas clases matinales.