Quería conseguir que se interesasen por el cuento así que enseñé sólo la portada y pregunté cosas sobre ella, de los personajes que aparecían, de sus posibles nombres y de lo que podría tratar.
¡Bien! Ya estaba el primer paso conseguido. El interés por el cuento se hacía notar.
Pero... ¿sabéis vosotros de qué cuento se trataba?
Pues bien, es una adaptación de un texto folclórico que ya habíamos ojeado antes: "Toda-clase-de-pieles"
Si tenéis interés en saber si se parecía la adaptación al tradicional, aquí tenéis sus entresijos:
Cuentan que en un reino lejano las cosas se habían puesto muy mal. La reina, que era muy guapa, estaba a punto de morir, después de tener una preciosa niña.
El rey, que llevaba mucho tiempo esperando una heredera, se desesperaba al ver que la madre iba a dejarlo para siempre. Y como la quería tanto, le prometió que ninguna otra mujer ocuparía su lugar.
-Gracias, esposo mío- dijo ella, a punto de expirar-. Pero como eres joven, tal vez necesites casarte otra vez. Sólo deseo que a ella le esté bien mi anillo de reina y que sea más hermosa que yo.
-¡Oh, eso es imposible!- exclamó el rey, llorando-. Mas para que nunca pueda ocurrir, esconderé tu anillo donde nadie lo encuentre jamás.
La reina aún mostró una sonrisa y, al instante, murió. El dolor del rey fue tan grande que no quiso saber nada de la niña en varios años. Y en cuanto al anillo, lo escondió en el péndulo del gran reloj de palacio, sin que nadie lo viera. Así creía que su mujer continuaba latiendo en el tic-tac.
Pero la niña se fue haciendo mayor y resultó ser la viva estampa de su madre. A todos llamaba la atención un parecido tan extraordinario. “Es incluso más guapa que la reina”, decían.
Un día la princesa, jugando a esconderse de unas amigas, abrió la tapa del gran reloj y se metió dentro. Acurrucada tras el péndulo, vio cómo las otras pasaban de largo. Pero también vio un objeto brillante que se movía a pocos centímetros de su nariz, de izquierda a derecha, tic; de derecha, a izquierda, tac.
Lo cogió y, al ver lo que era, se lo probó. Corriendo fue a ver a su padre:
Lo cogió y, al ver lo que era, se lo probó. Corriendo fue a ver a su padre:
-¡Papá, papá, mira qué anillo más bonito me he encontrado y qué bien me está!- El padre se puso pálido como la cera-. ¿Qué te pasa, papá?
-Nada, hija, nada – contestó el rey. Éste convocó a la corte y habló de una extraña manera:
-Ya estáis viendo cómo mi hija se ha puesto de guapa. Más aún que su madre. Y además resulta que su anillo le está estupendamente. ¿Comprendéis lo que quiero decir?- Algunos cortesanos se echaron a reír, creyendo que era una broma del rey. Pero el Gran Chambelán notó que al rey le pasaba algo. Así que le dijo:
-¡Majestad, quitaos enseguida esa tonta idea de la cabeza! No podéis casaros con vuestra propia hija. ¡Eso es imposible!
Pero el rey ya no parecía escucharlo. Puso mirada de loco y comenzó a deambular por el palacio. “El rey se ha vuelto majareta”, comentaban unos y otros: “¡Pues no se quiere casar con su hija!” Cuando ésta se enteró, se echó a llorar amargamente.
Como nadie conocía el remedio para aquella enfermedad, consultaron con una hechicera, que dijo:
Pero el rey ya no parecía escucharlo. Puso mirada de loco y comenzó a deambular por el palacio. “El rey se ha vuelto majareta”, comentaban unos y otros: “¡Pues no se quiere casar con su hija!” Cuando ésta se enteró, se echó a llorar amargamente.
Como nadie conocía el remedio para aquella enfermedad, consultaron con una hechicera, que dijo:
-Mal arreglo tiene eso. Pero podemos intentarlo, poniéndole al rey una condición imposible. Que la princesa le pida de regalo un traje de sol, un traje de luna y otro de estrellas.
Así se lo dijo a la niña. El rey entonces se echó a los caminos, buscando por todas partes los tres trajes. Hasta que el mismo demonio se enteró y le salió al encuentro:
Así se lo dijo a la niña. El rey entonces se echó a los caminos, buscando por todas partes los tres trajes. Hasta que el mismo demonio se enteró y le salió al encuentro:
-Te daré los tres trajes, con una condición.
-La que tú quieras.
-Que tu alma sea mía.
-No me importa. ¡Dame los trajes!
El demonio le entregó un cofre y le dijo que no lo abriera, si no quería quedar ciego por el resplandor. Tan sólo la que había de ponerse los trajes podría abrirlo.
Cuando la niña vio aquellas tres maravillas, quedó muy desconsolada y acudió de nuevo a la hechicera. Ésta le dijo:
Cuando la niña vio aquellas tres maravillas, quedó muy desconsolada y acudió de nuevo a la hechicera. Ésta le dijo:
-Lo único que puedo hacer por ti es convertirte en el animal que tú quieras. Así el rey te olvidará.
Pero has de saber tres cosas: que sólo en la oscuridad absoluta podrás volverte mujer. Que sólo entonces podrás ponerte los trajes y lucirlos durante tres horas de la madrugada. Y que sólo el amor de un príncipe te desencantará. Pero ha de ser gritando su deseo de casarse con ese animal, sin saber que eres tú.
La princesa dijo:
-Todo lo acepto. Conviérteme en una burrita de pelo plateado. – Y en eso fue convertida. Y salió trotando de palacio con su cofre en las alforjas. Sobre él había escrito la hechicera:
“Al animal, ponerlo en la oscuridad. El cofre no lo abráis; si no, ciegos quedáis”.
Después de mucho andar, llegó la burrita al castillo de otro reino y llamó con sus pezuñas a las puertas.
-¡Qué burrita tan linda!- exclamó el príncipe cuando se la llevaron-. Debe de ser un regalo de alguien que me quiere bien. Hacedlo todo como dice el cofre. Y nada de ponerla a trabajar. Se quedará a jugar conmigo y la llamaré “Burrita de Plata”.
Pues así fue, que a todas partes iban juntos el príncipe y Burrita de Plata, brincando y retozando como chiquillos. Pero llegó el tiempo de casar al príncipe y se organizó un baile de tres noches.
La primera noche, Burrita de Plata se puso a oscuras el traje de luna y apareció en el salón como una princesa radiante. El príncipe no podía apartar la vista de ella, de lo guapa que estaba, y la sacó a bailar.
Quiso saber quién era, pero ella sólo sonreía y bailaba. Y a las tres horas, salió corriendo y desapareció.
Quiso saber quién era, pero ella sólo sonreía y bailaba. Y a las tres horas, salió corriendo y desapareció.
Al día siguiente, el príncipe le contó a su Burrita lo que le había pasado:
-Mira, tenía un traje plateado, así como tu piel, pero nadie sabe quién era. – Y acariciaba a la burrita con mucho mimo.
A la otra noche, la princesa se presentó en el baile con el traje de estrellas. El príncipe la volvió a sacar a bailar, pero no consiguió de ella sino sonrisas y vueltas y más vueltas. Y también se le escapó a las tres horas. A la mañana siguiente:
A la otra noche, la princesa se presentó en el baile con el traje de estrellas. El príncipe la volvió a sacar a bailar, pero no consiguió de ella sino sonrisas y vueltas y más vueltas. Y también se le escapó a las tres horas. A la mañana siguiente:
-Mira, Burrita de Plata, tenía un traje que brillaba como tus ojos ahora. Pero ¿por qué lloras? ¿Es que quieres decirme algo?
Y a la tercera noche entró la princesa con el traje de sol, tan resplandeciente que tuvieron que apagar las demás luces mientras bailaban.
-¿Por qué lloras? – preguntó el príncipe a la desconocida-. ¿Es que quieres decirme algo?
-¡Ah, por fin hablas! Por favor, acepta mi anillo en señal de matrimonio.- La princesa lo aceptó, pero a las tres horas desapareció otra vez. Al día siguiente, el príncipe buscaba a Burrita de Plata para contárselo, pero su amiga no aparecía por ningún sitio. Y como tampoco sabía quién era la princesa, el príncipe enfermó de amor. Suspiraba desde la cama llamando a Burrita de Plata y se negaba a comer.
Entonces apareció el animal y, sin que nadie lo viera, se encerró en la habitación de al lado, que estaba a oscuras.
Entonces apareció el animal y, sin que nadie lo viera, se encerró en la habitación de al lado, que estaba a oscuras.
Desde dentro dijo:
-No preguntéis quién soy y traedme todo lo necesario para cocinarle un pastel al príncipe-. Así lo hicieron, y al ratito abrieron y vieron un pastel muy apetitoso junto a la burrita. Se lo llevaron al príncipe, diciéndole que había aparecido junto a su amiga. Nada más que por eso, el príncipe consintió en probar un bocado. Y dentro del bocado entró su anillo.
Entonces gritó:
Entonces gritó:
-¡Con Burrita de Plata me quiero casar, aunque sea un animal!
-¡De eso nada, que ya estoy desencantada!- dijo la princesa, entrando en el dormitorio con su traje de plata de luna.
Y colorín colorado, este plateado cuento se ha acabado.¿Qué opináis? No se parece mucho a la que conocíamos ¿no?
De todas las enseñanzas que sacamos de Toda-clase-de-pieles, pocas (por no decir ninguna) encuentro en esta nueva versión.
A algunos niños se les hizo un poco largo, pero otros estaban espectantes por ver qué sucedería.
Tanto les gustó a esos otros que me pidieron pinturas y papel para plasmar lo que más les había llamado la atención de "Burrita de Plata".
Aquí tenéis la pequeña obra de arte de A. :
Aquí tenéis la pequeña obra de arte de A. :

















La verdad que la adaptación para ellos es más comprensible que la que nosotros conocemos, ¿no? Pero para mí, me ha parecido más aburrida.
ResponderEliminarBueno, bueno, bueno... veo que has hecho la animación a la lectura con la portada :) ¡genial!
ResponderEliminarY luego ¿lo leíste o lo contaste? Porque, para los pequeños, es mejor contarlo si el texto es largo, ya sabes.
Es una versión española de Toda-clase-de-pieles recogida por Rodríguez Almodóvar y puede que un poco versionada por él también. Y me pasa como a Xenia, que me gusta más la de los Grimm :)
Me encanta que te hayan picado tanto los cuentos y que tus niños hicieran dibujos tan bonitos.
ay pues este era mi cuento favorito de la infancia y de todos los de la media lunita, no se me hacia largo para nada.
ResponderEliminarque recuerdos...