jueves, 6 de enero de 2011

Bloque 3) - Reflexión personal.

En este tercer bloque los protagonistas han sido los cuentos de autor.
En primer lugar decir que, aunque sea bastante lógico, estos cuentos tienen un autor. Aunque los relatos sean anónimos o utilicen pseudónimos, siempre hay una mano escritora. Y como tal, poseen  derechos de autor. Lo que quiere decir que su forma y su contenido no se puede cambiar o adaptar, tal y como podíamos hacer con los textos folclóricos.
Por ello, es importante saber elegir cuentos que conformarán nuestra aula. Ya vimos que existen numerosas librerías especializadas en literatura infantil como “El dragón lector” donde poder encontrar muchos libros con muchos y variados temas. Seremos nosotros los encargados de escoger entre tanta diversidad dependiendo de los gustos, intereses y nivel evolutivo de los niños en cuestión.
Sin embargo, el mundo de la literatura infantil es muy cambiante en el sentido de que muchos libros se van “perdiendo” porque no se vuelven a editar por muy buenos que sean, a excepción de algunos como por ejemplo “Adivina cuánto te quiero”, que se han reeditado una y otra vez.
Si ahora atendemos al cambio histórico, hay que explicar que a partir del siglo XVIII fue cuando la literatura infantil y juvenil tuvo más importancia y se empezó a abrir un camino propio. Una figura de relevancia fue Julio Verne (“El viaje al centro de la tierra”). Pero no fue hasta el siglo XIX cuando aparecerían libros con temas que de verdad interesasen a este sector, extendiéndose poco a poco pero sin llegar a editar libros para menores de 8 años.
Después de los años 60, se empezó a tener consideración por los más pequeños utilizando fuentes más grandes entre otras mejoras. Pero cuando de verdad existió el “boom infantil” (0-7 años) fue a partir de los años 90. Aparecen los álbumes de imágenes, en los que compartirán protagonismo tanto las imágenes como el texto de gran tamaño. Por ello, los ilustradores cobraron mayor relevancia tales como el español Ferrándiz y la francesa Rebecca Dautremer. Personalmente, aconsejo pasarse por su página web (http://www.rebeccadautremer.com/) para daros un fabuloso paseo por imágenes como estas:

A finales del siglo XIX, aparece Saturnino Calleja, citado en el bloque anterior, que tendrá en su mano el mercado de literatura infantil hasta los años 20 con sus cuentos económico-moralizantes. Pasada la Guerra Civil Española, nos encontramos con otras editoriales como la Bruguera, que siguiendo con el ejemplo, moralizaba a los niños de clase media-baja con sus relatos y personajes. Estos últimos seguían siempre el mismo patrón. Se trataba de personajes planos y sin volumen caracterizados con dos características (valga la redundancia): una atendiendo al físico y otra a la personalidad, por lo que no llegaban a identificarse con ellos. Es lo mismo que ocurre en la literatura folclórica.
Este tipo de personajes se desarrollaron así hasta finales de los años 30, a partir del cual dieron un giro con personajes más complejos. La artífice de ello fue Elena Fortún con “Celia”. Para entender un poco el perfil de Celia, aprovecharé para copiar un fragmento del libro titulado “Celia, lo que dice” editado en el año 2000:
“Celia ha cumplido siete años. La edad de la razón. Así lo dicen las personas mayores.
Celia es rubia; tiene el cabello de ese rubio tostado que con los años va oscureciéndose hasta parecer negro. Tiene los ojos claros y la boca grande. Es guapa. Mamá se lo ha dicho a papá en secreto, pero ella lo ha oído.
No se envanece por tal cosa. Es seria, formal y reflexiva, razonadora… Porque, ¿de qué serviría haber alcanzado la edad de la razón si no sirviera para razonar?
Así, pensando y pensado, ha entendido que, siendo los mayores tan grandes y tan ásperos, tan diferentes en todo a los niños, no pueden comprender nada de los que los niños piensen o hacen.
¡Pero vaya usted a quitarle de la cabeza a una persona mayor que es ella la que debe mangonear! (…) ¿Por qué no comprenden las cosas más sencillas? ¡Y es inútil explicárselas! Sin embargo, Celia siente la necesidad de decirlo todo y va a contar todos los menudos incidentes de su vida inquieta, que para los que tengan su edad serán claros y transparentes, y un poco absurdos para las personas mayores, tan intolerantes e injustas casi siempre. “
En sus comienzos, Celia tenía 6 años. Pero por primera vez, la autora hizo que creciera al mismo tiempo que sus lectores para que se siguiesen identificando con ella. Se formó una gran colección de Celia, dando un poco de lado al sexo masculino. Para ello, Fortún se sacó de la manga a Cuchifritín, el hermano pequeño de Celia. De esta manera, los niños también podrían seguir sus historietas.


Además, hacer mención de los cuentos-postal que incitaban a la lectura plasmando tanto el texto como las ilustraciones:



La radio quedó muy fortalecida en estos años, superando incluso a la prensa. Además de información, servían entretenimiento como chistes, novelas, seriales radiofónicos… Algunas estaban dedicadas expresamente para los niños como “Antoñita la fantástica”, “Matilde, Perico y Periquín”, “Tomasica”…
Como ya dije anteriormente, con Celia los personajes dejaron de ser planos por lo que los niños podían identificarse con ella. Esto mismo sucede en obras mucho más actuales como puede ser por ejemplo en “Harry Potter” de la británica J.K Rowling. Aunque se basan en historias fantásticas, el protagonista es real, un niño huérfano de 10 años.
Según los investigadores, el gusto por unos libros o por otros depende del grado de identificación con los personajes. Aunque hay que hacer una diferenciación en “querer ser como” e “identificarse con”. Para que exista una identificación, tiene que haber una clara relación entre la psicología, el vocabulario, el contexto y los intereses con respecto a los personajes. En definitiva tienen que compartir gustos, vivencias o simplemente que su situación respecto al mundo sea muy parecida a la del protagonista o a personajes secundarios (en el caso de Harry Potter, ser huérfano o llevarse mal con sus tíos). En cambio, el “querer ser como” es, volviendo al ejemplo anterior, querer tener una lechuza como mascota, una varita mágica o amigos de unos cuantos metros más de altura.
Otro ejemplo es cuando nos identificamos con el protagonista, no por rasgos físicos (puesto que muchos cuentos utilizan animales como personajes), sino por situaciones que les ocurren (perderse, tener un hermanito…) o por los personajes secundarios que afectan directamente al protagonista (una mamá que te quiere mucho).
Hasta los años 80 y 90 se sigue conservando el carácter moralizador de los personajes teniendo como figura de referencia a los héroes cotidianos, pero a partir de ahí se centran más en actitudes positivas (personajes abiertos, extrovertidos, optimistas, alegres, emprendedores, adaptables…) y negativas (personajes cerrados, intransigentes, egocéntricos…) como sucede en la vida real. Se podría decir que cuantas más actitudes positivas tenga alguien, más feliz será. Pero en ningún  caso se dice de una persona “mala” o “buena” ni puede reconocerse por ello, tal y como ocurría en mayor medida en los textos folclóricos.
Relacionándolo con la antigua entrada del blog: http://latrastiendainfantil.blogspot.com/2010/12/bloque-3-analisis-de-un-cuento-de-autor.html, se pueden seguir dichos puntos para analizar un cuento y así saber si es adecuado (y que les interese a los niños). Para ello hay que fijarnos en conceptos como:
· Receptor – Atendiendo a sus gustos e intereses para que de verdad disfrute con el acto de leer. Además habrá que tener en cuenta su edad y su momento evolutivo, ya que estos dos aspectos pueden no ir de la mano.

· Emisor – Será el personaje con el que se identificará el receptor. Esto me llamó mucho la atención puesto que tenía la idea errónea de que en este punto los maestros, los padres o cualquier otra figura que leyese el cuento, sería el emisor.

· Tema – Cercano y adecuado al momento evolutivo del niño para que lo sienta propio.

· Estructura – La clásica de introducción-nudo-desenlace, es decir, una estructura lógica; o una estructura acumulativa donde cada hecho sucedido se repite en la historia una y otra vez hasta que finaliza. Decir, que podemos jugar con los finales abiertos (aunque no les suele gustar) para realizar actividades con el objetivo de activar la creatividad y la imaginación.
· Espacio-tiempo – Cercano y conocido por el receptor para que lo sienta propio y se identifique en mayor medida.

· Ilustraciones – Serán buenas cuando, utilizando sólo las ilustraciones del libro, el receptor pueda contar la historia de nuevo. Además se puede tener en cuenta que sean más o menos realistas.
· Lenguaje – Utilizando un lenguaje cercano al niño, con frases cortas y pocas subordinadas. Por otro lado, el vocabulario tiene que ser apropiado para el receptor. Puede haber palabras no conocidas por él, para que amplíen el vocabulario poco a poco de manera enriquecedora.

· Valores-contravalores – Atendiendo a las actitudes que se muestran en el cuento. Si en el principio aparecen negativas, a la hora de finalizar el cuento deben haber cambiado a positivas. Si por el contrario es positiva, deberá terminar también con actitudes positivas.
· Conclusión – Sobre nuestra percepción del libro.

Por último, hablar de la poesía infantil de autor. Ésta junto con el teatro han tenido menos influencia y expansión que la narrativa.
En el siglo XX, sufren un desarrollo más grande pero no siempre teniendo en cuenta los gustos e intereses de los niños, sino con el mero objetivo de enseñarles a través de temas tales como: conceptos, objetos domésticos, animales, épica, actitudes, flores y plantas, religioso y el niño y su madre.
Se puede decir que la poesía era escrita por adultos para adultos, hasta después de la postguerra cuando Gloria Fuertes cambió el contenido y la forma de las poesías, introduciendo los juegos de palabras y el absurdo (el nonsense). De hecho, muchos niños ven al adulto como un total absurdo.
Atendiendo al teatro de autor, no encontramos casi obras, es inexistente. En todo caso, se editan libros para los maestros como forma de guía.
Para concluir con este bloque, diré que me ha parecido de gran utilidad, sobre todo en lo que se refiere al análisis de un cuento de autor puesto que en un futuro próximo tendremos en nuestras manos la responsabilidad de escoger libros adecuados para nuestra aula. Además de hacer un recorrido histórico siguiendo los cuentos de autor, haciendo una breve mención a la poesía y al teatro (no nos olvidemos de ellos).
Este ha sido el bloque que más me ha metido de lleno en el mundo de la literatura infantil, recordando antiguos cuentos y conociendo muchos otros que no me han dejado indiferente. ¡Y muchos más que me quedan y quedarán por descubrir!

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