miércoles, 19 de enero de 2011

Bloque 4) - Reflexión personal.

El cuarto bloque se acaba pero no sin antes hacer un pequeño repaso recogiendo todas las estrategias de comunicación literaria y algunos aspectos a tener en cuenta a la hora de contar el cuento.
Durante los dos ciclos de Educación Infantil, todavía no suelen tener adquirido un nivel de autonomía como para leer. No será hasta los 8 años cuando eso ocurra. Hasta entonces, las personas adultas que tenga ‘a mano’ seremos los encargados de acercarles la lectura.
Aunque todo ello sin presionar ni obligar, ya que así pueden sufrir el efecto contrario del que pretendíamos conseguir. Un ejemplo claro de ello es la etapa de Primaria y Secundaria (como ya comenté en entradas anteriores)
Aún así creo que llega una edad en la cual sienten la necesidad de descifrar todas las palabras que ven. Sentirán rabia al no averiguar lo que pone, al no saber leer. De ahí que me pasase una larga temporada de mi infancia preguntando a todas horas “¿Qué pone ahí?” mientras señalaba un letrero brillante de la calle o, volviendo al tema, un cuento por ejemplo. Por lo menos eso es lo que me han contado.
No tener un nivel de autonomía como para leer no quiere decir que ellos no sean capaces de coger un libro, pasar las hojas, ver los dibujos y hasta balbucear algunas de las palabras que relacionen con dichos dibujos.
Pero como nos pasa a cualquier edad, o eso creo, no sólo nos gusta el contenido del libro. Siempre está bien escucharlo, es decir, también damos importancia al acto de contar. Un ejemplo personal de ello es que hace bastantes meses, uno de los monitores del curso de monitores (valga la redundancia), nos invitó a escuchar algunos de sus “cuentos para adultos”. La verdad que fue una experiencia de esas que te gustaría volver a repetir.
Volviendo a los niños, querrán que se lo cuentes una y otra vez, hasta que se queden con todos los detalles.
La primera lectura deberá ser un regalo por nuestra parte. Y como único objetivo a contemplar será el trasmitirles una lectura placentera. Cuando hayamos finalizado el cuento, y no antes pues romperemos la emoción del momento, podremos realizar algunas preguntas subjetivas como “¿Os ha gustado?”, “¿Qué es lo que más os ha llamado la atención?” Pero no debería ser hasta la tercera lectura cuando trabajemos con un carácter didáctico.
Ellos mismos sacarán sus propias conclusiones de lo narrado. No debemos ser nosotros los que lo hagamos por ellos puesto que cada uno interpretará de manera diferente ciertos aspectos del cuento, dándoles un sentido propio. Sin embargo, entre ellos pueden realizar un aprendizaje colaborativo, escuchándose y reflexionando sobre las versiones de cada uno de sus compañeros.
Dicho esto, toca hablar de las diversas estrategias que hemos tratado en este bloque:
*Cuenta-cuentos: se trata de la persona que narra sin libro. Pudiendo utilizar algún elemento relacionado con el cuento, ya sean disfraces, marionetas… El no tener ningún otro elemento de apoyo, únicamente las palabras del cuenta-cuentos, hará que la imaginación del niño se desarrolle ampliamente.
En el caso de que haya más de tres personajes, no es aconsejable cambiar sus voces, porque puede llegar a resultar muy caótico tanto para el niño como para el cuenta-cuentos por no poseer tantos registros vocales. Este consejo puede ampliarse a cualquier forma de comunicación literaria.
Esta estrategia me recuerda mucho a momentos de mi niñez, cuando iba todos los domingos a una biblioteca en Puerta de Toledo a presenciar las sesiones de cuenta-cuentos.
*Lectura: como modelo de lectura literal del texto, sin cambiar ninguna palabra y dejando a un lado el famoso “tonito” (también aplicable a todas las estrategias de comunicación literaria).
En el caso de que haya palabras que desconozcan su significado, pueden hacerse dos cosas. Explicar su significado antes de la lectura o averiguar entre todos su significado después de la misma.
Podemos elegir cuándo enseñar las imágenes. Después de leer una página o después de leer todas. Aunque como todo, cada una de estas elecciones conllevará pros y contras. Si enseñamos las ilustraciones al terminar la página, el niño se contextualizará de una mejor manera que si lo hacemos al final. Sin embargo, con esta última desarrollaremos aún más que con la primera, su nivel de imaginación y de paciencia porque el tiempo que pasa es mayor.
*Narración con libro: Contar la historia sin necesidad de seguirla al pie de la letra pero apoyándonos en las ilustraciones en todo momento. (Aunque también pueden ser láminas de imágenes). Con ello conseguimos una atención a los detalles y una interacción mayor.
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A partir de éstas, existen derivaciones como:
*Narración dramatizada: en la cual los niños tendrán el papel de recrear las acciones que estamos haciendo nosotros en ese momento y que encajan con las de los personajes que se tratan en la historia. Todo ello sin llegar a la representación teatral.
*Declamación: o lo que es lo mismo, recitar. Decir un poema de forma expresiva, sin olvidar que tenemos que quitarnos de la cabeza la idea de poner “tonito”, medio cantando. La mayoría de los poemas de infantil son narrativos, es decir, nos cuentan una historia.
Para concluir, decir que este bloque es fundamental no sólo por el “cómo” contar un cuento, sino también porque no se pierda en el olvido el “a quién” se lo contamos.
Y lo que eso conlleva, es decir, pensar en “la hora del cuento” como un tiempo en el cual podemos hacer viajar a todos los niños entre las historias más diversas donde la imaginación sea un elemento primordial.

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