Comenzamos este bloque remontándonos a la época de Aristóteles. Casi todo se escribía en verso y era considerado poeta todo aquel que escribiese así.
Pero para Aristóteles, el verso no era sinónimo de texto literario o literatura, ya que “puede haber quienes expongan en verso algún tema de Medicina o de Física y no por eso son poetas”. Así que Aristóteles puede considerarse como un punto de inflexión que dio pie a la prosa.
¿Cómo diferenciar el verso de la prosa? Pues visualmente. Ya vimos que “porque los versos riman” no es correcto, puesto que no es una característica que pueda definir la poesía.
| *Prosa *Verso |
Hasta la generación del 98, la poesía se rimó.
Por otro lado aprendimos el significado de algunos conceptos como:
*Ripio: se trata de completar el verso con una frase o palabra sin coherencia (en un determinado contexto), para mantener la rima. Mecano es sobresaliente en esto. Un ejemplo de ello en la canción Cruz de navajas:
Dos drogadictos en plena ansiedad
roban y matan a Mario Postigo
mientras su esposa es testigo
desde el portal
Algún apellido que rimara con ‘testigo’… ¡pues Postigo mismamente!
*Tener oído poético: saber cuando el ritmo está roto. A parte del número de sílabas del verso, hay que tener en cuenta otros aspectos como la correcta colocación de los acentos.
Y como ejemplo de pensamiento poético, Lope de Vega.
Cuando la rima se quitó, el ritmo se mantuvo. Pero hay cosas nuevas que han roto con esa armonía tradicional, sobre todo la generación de los 80, que escribían sin ritmo ni rima. O lo que es lo mismo, escribían versículos.
Siguiendo con la diferenciación entre verso y prosa vemos que, además de existir una clara diferencia visual, hay otro elemento presente. Y es el grado de función poética que empleamos en ello. Cualquier texto literario tiene esta función. Pero de todos los géneros literarios la lírica es la que más la utiliza. Es decir, hace un uso del lenguaje estético con una finalidad determinada. (Nos costó bastante sacar una definición de “función poética” aun habiéndola dado en asignaturas en la ESO)
Por otro lado, también le dimos sentido a todo lo que se explicó con anterioridad con encadenados, preguntas y respuestas, letanías, acrósticos… (http://latrastiendainfantil.blogspot.com/2011/01/pequenas-creaciones.html) No parecía muy difícil.
Se podrían incluir muchas estrategias más para conseguir versos, como tantanes (un hombre tan alto, tan alto, tan alto que cuando se comía un yogur le llegaba caducado al estómago), trabalenguas (utilizando bla/ble/bli/blo/blu o tra/tre/tri/tro/tru)… y todo sin necesidad de preocuparte por rimar porque el ritmo de la repetición ya es bastante para que resulte poético.
Pero, ¿y si lo que queremos es crear algún texto en prosa y no tenemos ninguna inspiración? Me llamó mucho la atención algunas de las técnicas de Gianni Rodari. Eran muy sencillas de llevar a cabo y podrían salir cosas muy chulas utilizándolas:
*Binomio fantástico: basta con elegir dos palabras que no tengan ninguna relación y a partir de ahí, inventar una historia (por ejemplo chaqueta y zanahoria) Eso sí, la imaginación tiene un papel protagonista.
*Hipótesis absurda: Pues eso. Se trata de preguntarse sobre algo absurdo que nunca podría llegar a ocurrir. Por ejemplo: ¿qué pasaría si lloviesen magdalenas?
Otra de las estrategias de creación que seguro llevaré a cabo algún día, es el multicuento. Es rápido de hacer y a los niños les encantará ver que pueden formar numerosas historias nonsense.
O… ¿y después del cuento? donde creas una historia a partir del final de un cuento folclórico, por ejemplo. ¿Qué pasaría con las hermanastras de Cenicienta?
Para seguir ayudándonos a encontrar la historia perfecta, algunos cuentos de cursos anteriores se nos mostraron: cuentos-bayeta (utilizando la silueta de algún objeto, animal…), cuentos biográficos (contando su vida o la de algún familiar a través de fotos reales), cuentos ilustrados por niños…
Cuando ya cada una tenía su cuento hecho, era la hora de mostrarlo en clase. Fue muy entretenido ver los cuentos de las demás compañeras, sobre todo porque te daban ideas para otras posibles creaciones.
Me ha parecido una buena actividad para demostrar en cierto modo lo que hemos aprendido a lo largo de la asignatura y contemplar otros detalles a la hora de crear nuestro propio cuento que seguro no hubiésemos caído en ellos antes de comenzar con Literatura infantil. Por ejemplo, tener en cuenta el lenguaje que utilizamos (frases cortas y pocas subordinadas, meter algún término nuevo…), las ilustraciones (que narren por sí solas la historia…), etc.
No sé en qué aula acabaré, pero lo que sí sé es que Lasuerte será uno de los cuentos del rincón de lectura.
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